Ganadería
Hugo Surraco, integrante de Lanas Trinidad, destacó que, si bien la finura abre puertas en los mercados, características como el rendimiento al lavado, la resistencia a la tracción y una mejor clasificación en la esquila son determinantes para el éxito económico del productor.
El norte de Uruguay se ha consolidado como la zona donde la genética del Merino Australiano alcanza su mayor expresión productiva. Hugo Surraco, integrante de Lanas Trinidad, destacó la excelencia de los vellones que se están produciendo en la región, con colores objetivos excelentes y, en su mayoría, negativos. Sin embargo, advirtió sobre la gran variabilidad existente en los rindes al lavado. "Hay vellones que rinden 70% y otros 80% u 82%", explicó el industrial, remarcando que un 10% de diferencia en el rinde equivale a un mínimo del 10% en el precio. Frente a esta diferencia, dijo que hay "un abismo" en la diferencia económica, por lo que instó a los productores a trabajar enfocados en mejorar este parámetro.Al analizar los lotes ultrafinos, de entre 15 y 16 micras, Surraco detalló cómo se construye realmente el valor del producto. Si bien el diámetro o finura es el primer indicador que ubica a la lana en un rango de precios, son factores como el rinde, el color y especialmente la resistencia a la tracción los que terminan de definir el negocio. "Podés tener una lana muy linda de 16 micras, pero si no tiene resistencia y se rompe, el valor se destruye automáticamente", sentenció. En este sentido, recordó que el mercado internacional más estable se ubica históricamente entre las 18 y las 20 micras. Bajar de esos niveles (afinar más) implica mayores exigencias de calidad en el procesamiento, cuidados más estrictos en el establecimiento y apuntar a un nicho comercial más reducido, indicó.Finalmente, el referente de la industria explicó que para conformar un contenedor de lana peinada (tops) de 25 toneladas, se requieren unos 40.000 a 45.000 kilos de lana sucia, lo que obliga a juntar lotes de distintos establecimientos de una misma finura. En este punto es donde suelen generarse problemas por las variaciones en el largo de mecha. Ante esto, propuso realizar ajustes al sistema de esquila Grifa Verde, "sería bueno que uno pudiese separar, tanto en adultos como en borregos, por altura o largo de mecha. Fardos de 70 u 80 milímetros todos juntos, y separados de los de 80 para arriba", sugirió. Según Surraco, este pequeño ajuste en la clasificación facilitaría enormemente el trabajo industrial y beneficiaría comercialmente a todo el sector.
2026-11-03T07:00:00