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La ganadería moderna sin corrales “es imposible”
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  • La ganadería moderna sin corrales “es imposible”

  • El engorde a corral, que hace dos décadas era apenas la apuesta de un puñado de productores asociados, pero con el correr de los años se consolidó como una pieza estructural de la cadena cárnica uruguaya y hoy define buena parte de la calidad y el volumen que el país exporta al mundo. La mesa de debate desarrollada en la mañana de la jornada anual de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC), denominada “¿La alimentación a corral como tracción de la ganadería uruguaya?”, finalizó con la visión coincidente de la industria, la producción, el gobierno y los técnicos, que el corral “llegó para quedarse” y que su crecimiento depende de “resolver deudas pendientes”.

    La mesa contó con la participación de Alejandro González, director de Frigorífico Las Piedras; Andrés Irulegui, productor de Durazno y miembro de la Asociación Uruguaya de Productores de Carne Intensiva Natural (AUPCIN); Jorge Acosta, del Instituto Nacional de Carnes (INAC); y Álvaro Simeone, de la UPIC, con la moderación del periodista Martín Olaverry.IMPRESCINDIBLE. Para Alejandro González no hay margen de duda sobre el lugar que ocupa hoy el engorde a corral. “Si debo definir, en una palabra, diría: necesaria, imprescindible”, dijo el industrial, quien afirmó que “hoy en día pensar en una ganadería moderna de Uruguay a futuro sin la participación de los corrales es imposible. Más aún si queremos seguir exigiendo los niveles de extracción de 2 millones de cabezas al año con una exportación en pie pujante”.El industrial advirtió, sin embargo, sobre el riesgo de que el crecimiento de los corrales se desacople de los tiempos naturales de la cría, y explicó que Uruguay intenta comprimir en diez o doce años un proceso que a Estados Unidos le demandó generaciones. El país llegó en 2026 a 300 kilos de peso carcasa, con un incremento sostenido de 4 a 5 kilos por año desde 2024. Ese avance obliga, según González, a correr el foco hacia la calidad, “Uruguay tiene el desafío de, frente a la falta de carne a nivel mundial, hacerse conocer y poder ser la proteína por elección el día de mañana; convencer a los consumidores por qué pagar un kilo de carne más caro que una proteína alternativa, y convencer a ese mismo consumidor de que elija la carne uruguaya siendo esta más cara que su alternativa en otros países de Sudamérica”, sostuvo.Andrés Irulegui coincidió con González sobre la irreversibilidad del proceso: “creo que es irremediable el camino, va por ahí. Es la forma de que toda la cadena cárnica se potencie, es sacarle el tapón a la ganadería”, aunque advirtió que la relación de precios entre el grano y la hacienda y la tendencia a encerrar animales más pesados, son variables que exigirán ajustes constantes.ARANCELES. Consultado sobre el posicionamiento externo de la carne uruguaya, González remarcó las asimetrías frente a competidores como Australia. “Estamos a años luz desde el punto de vista sanitario, desde el punto de vista de acceso a mercados, desde el punto de vista de los aranceles”. En este sentido los números ilustran la brecha con los principales competidores en mercados como Japón y Corea. Estos países asiáticos importan un millón de toneladas de carne al año, de las cuales 900.000 toneladas provienen de Estados Unidos y Australia. Uruguay enfrenta allí un arancel del 38%, mientras Corea aplica 0% a Estados Unidos, Australia paga 9%, y en Japón el gravamen para Uruguay también trepa al 38%. “Es un mercado que es el doble de lo que exporta hoy Uruguay al cual no estamos accediendo por problemas de mercado”, graficó el industrial, comparando el potencial de esa apertura con el cambio que en su momento significó la Cuota 481.González dijo que se debe ser cauteloso sobre las condiciones comerciales que actualmente se negocian entre los corrales y la industria. “Esa estrategia de compra que se puso de moda con piso-techo o banda de flotación funciona mientras el IMEx tire. Desde el momento en que el IMEx deje de tirar, el eslabón principal de la cadena se va a romper y ahí, cadenas abajo, vamos a volver a lo del 2022”, advirtió. A partir de esa puntualización, dijo que “hoy es un muy buen momento desde el punto de vista de precios para cerrar porteras, hacer retrospectiva y ver qué tan sólidas y eficientes son nuestras estructuras, y sobre todo qué tan sensibles son frente a un shock de precios como pasó en el 2022”.INAC. El Novillo Tipo, el indicador de referencia de INAC calculado hoy sobre un animal de 520 kilos, que tiene una relación entre sus componentes de 80% para el valor de la hacienda y 20% para el valor agregado industrial, fue discutido en la mesa. Jorge Acosta explicó que ese peso fue fijado como una proyección optimista que la realidad terminó superando. “No llegábamos a 520 kilos y se puso como valor por una estimación de crecimiento razonablemente optimista, pero nos pasó el agua”. El representante de INAC confirmó que ya está prevista una actualización, aunque no será inmediata porque “requiere mirar la estructura del novillo, porque tenemos una estructura de corte que también hay que revisar, no es solamente el peso (...) va a requerir un proceso de investigación donde también vamos a trabajar con la industria”.Acosta vinculó el indicador con el IMEx (Ingreso Medio de Exportaciones), ubicado en torno a 6.000 dólares en el promedio móvil de treinta días, lo que arroja un valor de 2.110 dólares para ese novillo de 520 kilos. Según precisó, la relación 80/20 muestra hoy cierto desequilibrio frente a períodos recientes más cercanos al 75/25. Con datos del acumulado 2026 comparado con 2025, señaló que el novillo y la hacienda crecieron en torno al 20% y 25% respectivamente, mientras el valor agregado industrial se mantuvo estable en 394 dólares.HORMONAS. Álvaro Simeone aportó la mirada técnica sobre la rentabilidad del engorde. Como es tradicional con la calculadora presente, indicó que dividir el precio del novillo en pie entre el precio del maíz, actualmente “esa relación da 14 (...) yo puedo tener 7,5 a 1; 8,5 a 1; 9 a 1; y estoy bien, tengo cinco puntos de ventaja”, ejemplificó, detallando que con una conversión de 8,5 a 1 y una dieta de 300 dólares la tonelada, el margen ronda los 75 a 100 dólares por novillo. Sin embargo, advirtió que ese margen depende hoy de la relación de precios más que de la eficiencia técnica, porque “si el maíz se va a 350 dólares, no tengo margen de acción a precio; la única manera es la eficiencia técnica”.Frente a ese nivel de conversión, Simeone planteó la necesidad de discutir la eventual habilitación del uso de hormonas, para determinados destinos, dada su relación costo-beneficio. Su propuesta apunta a una trazabilidad diferenciada por mercado, similar a la lograda con la Cuota 481: “¿No te parece que estamos en el país ideal para discutir el tema? Así como trazamos para la Cuota 481, trazamos para los mercados que nos llevan esa carne y que aguantan hormonas; para Europa el Hilton, para eventualmente ganados de corral para la Cuota 481 sin hormonas. Tenemos todo para trazarlo”.González respondió que no descarta la herramienta desde lo productivo, pero priorizaría otras urgencias por el riesgo de restringir aún más el acotado grupo de mercados compradores de Uruguay: “Que de un día al otro te digan que vos podés usar un aditivo y mejorar tu producción un 20%, creo que habría que ser un poco necio para no considerarlo. Ahora, ¿cuándo no considerarlo? Cuando eso implique alguna traba hacia algún mercado (...) yo personalmente no tengo una posición formada porque creo que tenemos mucho para hacer en la cría y los primeros 200 días de vida del animal”.

  • 2026-08-23T07:00:00

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